Mar 022015
 
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Otro de los mitos de la innovación es el amor, pero el amor a las nuevas ideas, y es que preferimos las ideas sólo después de que otros los han probado, ¿o no? Confundimos verdaderamente las nuevas ideas con buenas ideas que ya han sido probadas, que resultan ser nuevas solo para nosotros. ¿Cómo elegiste tu apartamento? ¿tus creencias? o ¿incluso este blog? Reutilizamos ideas y opiniones de otros todo el tiempo, rara vez nos comprometemos con la verdad nueva. Pero esto no está mal, al contrario, debemos estar orgullosos; ya que es inteligente. ¿Por qué no reciclar la información y las buenas ideas? ¿Por qué no aprovechar las ventajas de las conclusiones que otras personas han hecho para separar eficientemente lo que es bueno y seguro de lo que es malo y peligroso? La innovación es cara, nadie quiere pagar el precio de las ideas que no están lista para las ligas mayores, para el público en general.

Cada gran idea en la historia tiene un sello rojo de rechazo. Esto es difícil verlo hoy en día, porque las ideas ya ganaron aceptación, pasamos por alto los caminos duros que tomaron para llegar allí. Si escarbas la superficie de cualquier innovación, encontrarás las cicatrices, han sido maltratadas y golpeadas tanto por las masas como por los expertos antes de demostrar de lo que son capaces.

Hay una ventaja evolutiva en este miedo a las cosas nuevas. Muchos antepasados que saltaron compulsivamente de cada acantilado recién descubierto o que solo comían plantas de rara apariencia murieron rápidamente. Felizmente vemos almas valientes como Magallanes, Galileo, y Neil Armstrong quienes toman riesgos intelectuales y físicos en nuestro nombre, mientras nosotros observamos desde una distancia segura, siguiéndolos (o permaneciendo lejos) una vez que conocemos los resultados. Los innovadores son los pilotos de pruebas de la vida, tomando los grandes retos, para que nosotros no tengamos que hacerlo. Incluso los primeros usuarios, las personas que les gusta tener el último gadget, son lo mejor de los consumidores aventureros, pero no son creadores. Ellos no suelen tomar los mismos riesgos en las ideas no probadas como los propios innovadores.

La tragedia secreta de los innovadores es que su deseo de mejorar el mundo rara vez es correspondido con el apoyo a los que aquellos que esperan ayudar.

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